
Por el verde Genil se aleja el bando,
con la mirada triste y paso lento.
La Alhambra se va quedando atrás, llorando
su paraíso al soplo del viento.
Rey de un tiempo que ya se apaga y muere,
miras los muros de marfil y oro,
el Albayzín que el corazón te hieren
y el eco mudo de tu gran tesoro.
LLEGADA DE LOS OMEYAS (Siglos VIII-X):
El rey visigodo Witiza murió en el 710 y la nobleza eligió a Don Rodrigo como su sucesor, pero los hijos de Witiza no lo aceptaron y pactaron con Musa ibn Nusayr (gobernador omeya del norte de África) para recibir ayuda militar y derrocar a Rodrigo. La tradición relata que este gobernador de Ceuta facilitó los barcos para cruzar el Estrecho y poder combatir contra el rey Rodrigo.
Tropas al mando de Tariq ibn Ziyad (general del califato omeya) cruzaron el estrecho de Gibraltar con 7000 hombres y vencieron al rey visigodo Rodrigo en la batalla de Guadalete (711).


TÁRIQ Y MUSA
Ante el éxito inesperado de Tariq, Musa (por aquel entonces, general de más de 70 años) desembarcó con un segundo contingente de 18.000 soldados. Y Táriq, con la ayuda de Musa, avanzó rápidamente hacia Toledo para asegurar los territorios y expandir la campaña. Tomaron Toledo (la capital visigoda) casi sin resistencia debido al colapso del gobierno central.
Hacia el año 718, los omeyas controlaban prácticamente toda Hispania, rebautizada como Al-Ándalus. Solo las franjas montañosas del norte (Asturias, Cantabria y los Pirineos) quedaron fuera de su control directo debido a su geografía de difícil acceso y bajo interés económico.
El Pacto de Teodomiro (Tratado de Orihuela). Teodomiro era un poderoso noble y magnate visigodo que gobernaba una amplia región del sureste peninsular, y el acuerdo, firmado el 5 de abril del 713, sería un documento histórico excepcional.
El acuerdo de Teodomiro con Abdelaziz ibn Musa (hijo de Musa) puede darnos una idea de cómo los omeyas lograron someter la península ibérica de forma rápida, utilizando la diplomacia en lugar de las armas.
En el acuerdo, Teodomiro (Tudmir) reconocía la soberanía del Califato Omeya con un juramento de fidelidad y se comprometía al pago de tributos a cambio de autonomía política, de libertad religiosa y de seguridad en todo su territorio (que los árabes llamaron Kora Tudmir y abarcaba las actuales provincias de Murcia, sur de Alicante, sureste de Albacete y norte de Almería).
ABDERRAMAN I (756 – 788)
Al-Ándalus se constituyó, con Abderraman I, en Emirato y posteriormente, cuando los abasíes derrocaron a los omeyas en Damasco, se independizó de los abasíes en el 756 y se constituyó como Califato Independiente de Córdoba (912-1031) (Al – Andalus), convirtiéndose en el centro político y cultural más brillante de Europa.
Abderraman I se mostró al principio magnánimo con todos (con rebeliones internas como con los peligros que venían del exterior) pero viendo que esa actitud no siempre daba buenos resultados, cambió de táctica, pasando a ser severo, tomando represalias que aterrorizaron a sus enemigos. Abderraman I gobernó durante 32 años y durante su reinado, con capital en Córdoba, construyó monumentos y jardines, reedificó el alcázar, fundó la Ceca (casa de la moneda) e inició la Mezquita sobre la iglesia visigoda de San Vicente.

https://www.cargest.com/es/info/monumentos/mezquita-cordoba/
Tuvo muchos hijos (unos once varones y unas nueve hijas) y uno de ellos, Hixem I sucedió a su padre no siendo el mayor y sus hermanos mayores (Suleimán y Abdalá) se sublevaron, pero fueron vencidos, perdonados y exiliados.
El resto de sus hijos ocuparon cargos administrativos, militares o se integraron en la élite cordobesa para afianzar el poder de la dinastía omeya. Entre ellos, Abd allah al-Balansi actuó como gobernador autónomo en lo que empezó a llamarse Balansyia (Valencia).
Hixem I continuó la labor de su padre durante once años y terminó a sus 31 años llorado por todos y recibiendo el sobrenombre de al-Rida (aquel de quien se está satisfecho).
A Hixem le sucedieron Alhaquem I (796 – 822), Abderaman II (822 – 852), Mohamed I (852 – 886), Almondir (886 – 888) y Abdalá (888 – 912)
El nieto de Abdalá, Abderramán III (912 – 961) puso orden a la anarquía que reinaba en la península (controlando las sublevaciones internas como los intentos cristianos de recuperar el terreno perdido) y extendió los dominios al noroeste de África para poner tierra de por medio entre al-Ándalus y los fatimitas de Egipto (controlados por Califato Abasí de Bagdad) y con él se puede considerar que nace el Califato de Al-Ándalus.
Cuarenta y nueve años de un monarca con dotes intelectuales y morales, realista, metódico, tenaz a prueba de cualquier contratiempo, tolerante en lo religioso (tanto cristianos como judíos) y amigo de la etiqueta y de la ostentación.
LAS TAIFAS
Desde que el califa Hisham II es obligado a abdicar en 1009 (por ser menor de edad y con ello transgredir la ley), hasta el año de la abolición formal del califato en 1031 se suceden en el trono de Córdoba nueve califas, en medio de un caos total que se refleja en la independencia paulatina de las taifas de Almería, Murcia, Alpuente, Arcos, Badajoz, Carmona, Denia, Granada, Huelva, Morón, Silves, Toledo, Tortosa, Valencia y Zaragoza. Cuando el último califa Hisham III es depuesto y sustituido en Córdoba por un gobierno interino, todas las coras (provincias) de al-Ándalus que aún no se habían independizado se sumaron a las ya mencionadas y también se autoproclamaron independientes.

Cuando en la península reinaron las taifas se incrementaron las contiendas y las divisiones. Había batallas entre reinos cristianos y taifas, entre taifas y hasta entre reinos cristianos y todo se sumía en un caos de fronteras, de reyes, de acuerdos y desacuerdos movidos por intereses personales o de la nobleza de uno u otro signo.
Un personaje histórico que nos puede dar una idea de este desorden es Rodrigo Díaz de Vivar (El Cid Campeador).
Pese a que EL Cid nos ha llegado a nosotros como un héroe valiente, virtuoso y azote de infieles, la realidad fue otra. La realidad es que fue más un hábil mercenario que tan pronto servía a los intereses de reyes cristianos, como a reyes de taifas.
Esa época (reinos de Taifas) eran tiempos muy agitados. “Un monarca tenía más probabilidades de morir a consecuencia de las hostilidades con otros cristianos que luchando contra los musulmanes» – Nora Berend, catedrática de Historia Europea en la Universidad de Cambridge).
Alfonso VI resultó ser muy hábil y se comportó como un emperador, consiguiendo el sometimiento de prácticamente todo Al Ándalus a través de la guerra y de las relaciones políticas.
LLEGADA DE LOS MAGREBÍES (Siglos XI – XIII)
Los almorávides eran ermitaños y soldados musulmanes, surgidos de grupos nómadas provenientes del Sáhara. Los almorávides sometieron a su autoridad grandes extensiones del occidente musulmán con las que formaron un imperio centrado en Marruecos, entre los siglos XI y XII, extendiéndose por Mauritania, Argelia, Sahara Occidental y la mitad sur de la península ibérica.
Con su llegada a la península ibérica en 1086 comenzó la intervención de las dinastías magrebíes. Estas intervenciones magrebíes en la península ibérica, que comenzaron con los almorávides, dieron lugar a casi un siglo y medio de unión del islam ibérico y magrebí entre cuyas hegemonías sucesivas hubo periodos de reacción peninsular con los reinos de taifas y su correspondiente caos.
Los almorávides, hasta entonces en posición de inferioridad frente a los andalusíes, pasaron a dominar la región, merced a su capacidad de formar un Estado centralizado que podía resistir las acometidas de los reinos cristianos del norte peninsular.
Sin embargo, mientras las campañas en al-Ándalus contra los Estados cristianos absorbían gran parte del poderío militar de los almorávides, en el Magreb surgió un foco rebelde en la población montañesa, el movimiento almohade, que concluyó por destruirlo.
El movimiento almohade comenzó en el siglo XII entre las tribus bereberes del Alto Atlas con Ibn Túmart y su objetivo era derrotar a los almorávides.
Después de dominar el norte de África, desembarcaron desde 1145 en la península ibérica y trataron de unificar las taifas utilizando como elemento de propaganda la resistencia frente a los cristianos y la defensa de la pureza islámica. Por eso su yihad se dirigió por igual contra cristianos y musulmanes. En poco más de treinta años, los almohades lograron forjar un poderoso imperio que se extendía desde Portugal, hasta Libia, incluyendo todo el norte de África y la mitad sur de la península ibérica, y consiguieron parar momentáneamente el avance cristiano cuando derrotaron a las tropas castellanas de Alfonso VIII en 1195 en la batalla de Alarcos.


De esta derrota cuenta “la leyenda de la judía Raquel” las causas, entre las que incluye su amancebamiento durante siete años con la judía toledana, por las que el rey Alfonso VIII hubo de erigir el monasterio. La crónica cuenta cómo al rey se le apareció un hombre santo para anunciarle el enojo de Dios por su fornicio con una mujer que no era la suya y los castigos que por tal pecado tenía prevista la derrota de Alarcos y la muerte de sus hijos varones. El hombre santo le pide que haga “conocimiento e arrepentimiento”, y el rey enseguida lo hizo, al ponerse a hacer el monasterio de Las Huelgas Burgos y el hospital.
Pero en 1212 fueron sometidos en la batalla de Las Navas de Tolosa por tropas castellanas de Alfonso VIII de Castilla, aragonesas de Pedro II de Aragón, navarras de Sancho VII de Navarra y voluntarios de otros reinos.

Los benimerines eran miembros de una dinastía bereber que después de derrocar a los almohades en el norte de áfrica e intervenir en el sur de la península y ayudaron a los granadinos en su lucha contra los cristianos hasta que en la batalla del Salado (1340) fueron derrotados por Alfonso XI de Aragón y el rey de Portugal que supuso la toma del Estrecho, de Tetuán y de Ceuta con la que cortaban toda nueva incursión desde el norte de África.
REINO DE GRANADA (1232-1492):
Creado por la dinastía nazarí tras la caída del imperio almohade, el Reino tuvo su capital en Granada, protegida por su vega y montañas.
La Alhambra fue la sede del poder político y joya del arte hispanomusulmán.
Sobrevivió dos siglos y medio mediante su diplomacia basada en pactos de vasallaje y tributos a Castilla.
El arte nazarí representa la última etapa de esplendor del arte hispanomusulmán (siglos XIII al XV).

Ante la escasez de recursos económicos por el avance cristiano, los arquitectos granadinos sustituyeron los materiales caros por elementos pobres, logrando una belleza insuperable mediante una decoración desbordante que cubría por completo los muros.
Se utilizaba principalmente el barro, el ladrillo, el yeso, la madera y la mampostería y las paredes se revestían de enredados relieves de yeserías y zócalos de azulejos policromados, ocultando la estructura real del edificio.
Son características del arte nazarí los arcos decorativos que muchas veces no sostenían peso, los Mocárabes (bóvedas en panal), las finas columnas con capiteles decorados, la integración del agua y la vegetación y las paredes con decoración epigráfica (paredes que hablan).

